Regeneración del daño ocasionado por el Infarto Agudo de Miocardio

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Regeneración del corazón dañado

 

La falta de flujo sanguíneo hacia el corazón provoca un desequilibrio entre el aporte y la demanda de oxígeno y nutrientes, denominado isquemia.

Si la isquemia es limitada en el tiempo, es tratada de forma rápida, o se resuelve de forma espontánea, las celulas del corazón, cardiomiocitos, no sufren daño. Sin embargo, una isquemia que se prolongue más de 20 minutos puede desencadenar un Infarto Agudo de Miocardio.

En este caso, el tamaño del área infartada depende fundamentalmente de la duración de la isquemia y de la sensibilidad de los cardiomiocitos.

Otros factores implicados en la muerte celular son la circulación colateral hacia la zona isquémica, la existencia o no de oclusión coronaria, la demanda de oxígeno y nutrientes, así como la capacidad del miocardio para activar las vías de supervivencia frente al daño (1).

La reperfusión (restauración del flujo sanguíneo de forma rápida y temprana), es el tratamiento de elección tras un periodo de isquemia, pero paradójicamente, desencadena la muerte celular, en particular de aquellas celulas que lograron sobrevivir al periodo isquémico, aumentando el daño en el corazón (2).

En su conjunto, este fenómeno se denomina daño por isquemia reperfisión (I/R), observándose un aumento del área infartada durante el periodo de reperfusión (3). Por tanto, la prevención del daño por reperfusión es el objetivo de diversos estudios dirigidos a mejorar la supervivencia de los víctimas de un evento por Infarto Agudo de Miocardio.

Así, la supervivencia de las células tras un periodo de isquemia depende, entre otros factores, de la duración de la isquemia a la que han estado sometidas.

En consecuencia, la reperfusión coronaria esta aceptada como el tratamiento estándar en el infarto agudo de miocardio (4).

Paradójicamente esta terapia no garantiza que las células isquémicas sobrevivan, habiéndose descrito que aunque la reperfusión restaura el flujo sanguíneo, oxígeno y nutrientes, al músculo cardiaco, la misma restauración del flujo sanguineo desencadena la muerte celular, fenómeno conocido como "daño por reperfusión".

La reperfusión se acompaña de complicaciones como son la disminución de la función contráctil y la aparición de arritmias, además de agravar la muerte por apoptosis, necrosis o autofagia de los cardiomiocitos dañados previamente (5,6).

La búsqueda de agentes cardioprotectores que mejoren la función del miocardio, que disminuyan la aparición de arritmias, capaces de retrasar el inicio de la muerte celular y en general, que eviten la progresión del infarto durante un daño por I/R, actualmente es un área de intensa investigación.

Sin embargo, se acaba de demostrar que es posible regenerar el daño ocasionado por el Infarto Agudo de Miocardio por medio de una sustancia natural aplicada tras el mismo.

 

sideritis lasiantha 1

 

El procedimiento consigue niveles de recuperación que dejan al corazón funcionalmente casi en la situación anterior al infarto.

Así, la revista científica Biochemical Pharmacology,  acaba de publicar una investigación en la que científicos españoles demuestran el potente efecto cardioprotector que tiene un terperno al ser administrado tras un infarto de miocardio (7).

Los productos naturales de naturaleza lipídica, caso de terpenos y ácidos grasos omega 3, tienen una amplia difusión como antiinflamatorios y quimioterápicos. Sin embargo, en el campo cardiovascular hay muy poca experiencia con estas sustancias.

Hace tres años los investigadores de la Red de Investigación Cardiovascular (RIC) demostraron que al aplicar algunos terpenos a células cardíacas que habían sido sometidas a isquemia o hipoxia, es decir, cuando se les reduce a la cantidad de oxígeno, éstas mantenían una alta viabilidad (8).

La investigación ahora publicada supone un paso más. Los investigadores de la RIC han aplicado terpenos a un caso de infarto en animal entero (no en células aisladas). Ligando la arteria coronaria ascendente izquierda durante 30 minutos provocaron un infarto de miocardio y después al mismo tiempo que reoxigenaban el corazón, añadían terpenos. Descubrieron que a dosis muy bajas (micromolares) entre 5 a 10 minutos tras el restablecimiento del flujo sanguíneo estos animales presentaban una excelente función cardiaca manteniendo excelentes volúmenes de eyección, es decir, tenían mucho menor grado de infarto (reduciéndose un 88 por ciento el área infartada).

La principal novedad del hallazgo radica en que hasta ahora se habían probado moléculas cardioprotectoras pero, por lo general, añadidas antes de hacer la isquemia, es decir, antes de que se produzca el infarto de miocardio. El terpeno que se ha utilizado ahora actúa después del infarto.

La traslación futura de este hallazgo a la práctica clínica consistiría en que añadiendo este terpeno minutos después del infarto de miocardio, las consecuencias de éste serían mucho menores y el corazón quedaría en una situación funcional mucho mejor.

Para medir los resultados, se han realizado comparaciones entre el grupo control y el de los animales que recibieron terpeno, valorando diferentes marcadores (función renal, función hepática, poblaciones linfocitarias, etc).

A nivel cardíaco se ha observado mucha menor fibrosis (cicatriz que deja el infarto en el corazón; 89 por ciento de reducción en la fibrosis a Los 21 días) y volúmenes de eyección (cantidad de sangre que el corazón es capaz de expulsar al contraerse) equivalentes a los de los animales no infartados, sin diferencias estadísticamente significativas.

También se ha comprobado que el mecanismo cardioprotector implica una activación de la vía P3K/AKT.

El terpeno utilizado se extrae de la Sideritis foetens (Sideritis lasiantha), una planta crucífera muy abundante en España, que produce estos terpenos sobre todo en la época de verano.

 

sideritis lasiantha 2

 

El efecto cardioprotector es debido a modificaciones moleculares específicas introducidas en la familia de los diterpenos labdanos. Por el contrario los terpenos que no tienen esas modificaciones no son cardioprotectores.

Además, las modificaciones en la estructura molecular han permitido minimizar su toxicidad a nivel celular, hasta el punto que se podrían incluso emplear concentraciones de esta sustancia diez veces mayores que la utilizadas en esta investigación.

La síntesis química de esta sustancia es muy sencilla, lo que la convierte en un producto muy fácil de incorporar en estudios clínicos posteriores.

¿Por qué hasta ahora nadie había utilizado los terpenos tras el infarto? Porque normalmente los médicos son conservadores y muy tradicionales; Además, hay muy pocos terpenos que se hayan utilizado en este contexto.

Alguna indicación en este ambito existía, pues se sabia que comparando el efecto de los anestésicos inhalados con anestésicos empleados por otras vías, en los casos de daño cardíaco, los tratados con el anestésico inhalado tenian mucha mejor evolución postinfarto. Esto era debido a que el anestésico inhalado tiene una estructura isoprenoide, hasta cierto punto parecida a la molécula empleada para esta investigación.

El siguiente paso será probar en animales diferentes actuaciones que permitan simplificar más la molécula y mejorar todavía más la respuesta primaria cardioprotectora primaria obtenida.

Hay además parámetros de esta molécula que todavía están pendientes de valorar, por ejemplo si su farmacocinética es la óptima".

Respecto de si el paso a la utilización en humanos puede suponer dificultades añadidas, normalmente será todo lo contrario. No se esperan grandes diferencias entre animales y humanos, porque ya se han utilizado algunas líneas de células cardíacas humanas que in vitro han permitido probar la acción protectora de esta sustancia frente en una situación de anoxia.

Por otro lado, los medicos naturistas estan muy acostumbrados al empleo de los principios obtenidos desde plantas. En esto consiste la fitoterapia, una disciplina propia de la medicina naturista.